Panamá y su niña menstruando


  Cuando vamos a la oficina de migraciones de Capurganá, un pueblo costero de colombia, encontramos que la oficina estaba cerrada. Así conocimos a quienes serían nuestros compañeros de viaje la semana siguiente. Carlos, de Argentina viajaba con Milica, una serbia que había conocido en Ecuador y Vicky otra argentina viajaba con Felipe , un portugués, hacía dos meses, todos estábamos recorriendo Latinoamérica sin pasaje de regreso.

  Al día siguiente viajamos juntos a Puerto Obaldía, la estación de migraciones Panameña, que nos dió la bienvenida al país y ahí nos dejó varados. No había barcos que nos llevasen hasta San Blas ese día, por lo que aceptamos la invitación de un señor que se nos acercó y nos ofreció ir a su comunidad. Allí por la noche habría una fiesta tradicional, ellos pertenecían a la comunidad aborigen de Kuna Yala. A todos nos encantó la propuesta y cruzamos inmediatamente en una lancha. Apenas llegamos no podíamos creer cómo  un hermoso río pintaba el paisaje que se perdía en la profundidad de la selva. Los niños corrían desnudos, las casas de hojas de palma, pequeñas canoas flotando con hombres pescando, nos sentimos en otro tiempo inmediatamente. Seguramente lo estábamos. La gente no habla español, sólo  la lengua Kuna. Fuimos en busca del cacique para preguntar si podíamos dormir allí y nos ofreció una casa  que estaba abandonada.

A eso de las 8pm nos acercamos al salón comunitario para ver si la fiesta ya había comenzado, aún no había nadie, sólo tres hombres que nos mostraron los jarrones de chicha que estaban enterrados en la tierra, eran tres tarros de barro enormes. Esperamos a que llegue la gente y cuando el salón se colmó, vino el cacique a dar la bienvenida a todos y pedir que la fiesta se realice en paz, sin conflicto. Aún sin entender de qué se trata nos separan mujeres de un lado y hombres del otro del salón. Todas las mujeres visten trajes tradicionales. Sus caras pintadas exageradamente. 

Seguimos sin entender qué estamos festejando pero empezamos a beber chicha que se nos ofrece en unos cuencos de coco. Los hombres forman una ronda de ocho personas y con sus cuencos llenos hacen “fondo blanco”. Nosotras, también repetimos la acción y hacemos fondo blanco, parece que no se puede tomar de a sorbos. Una señora muy anciana es la que dispensa la chicha con una espumadera de coco y nos vuelve a servir. Una vez más fondo blanco y otro, y otro y otro…

Me siento para descansar un poco porque el olor a chicha me está descomponiendo…me ofrecen chicha de maíz, sin alcohol, pero está caliente y  me revuelve el estómago. Hablo con una chica jóven que está a mi lado y me explica que ésta fiesta es sólo para mujeres casadas, las mujeres solteras deben permanecer en la casa y que en un rato vendrá la niña. LA NIÑA DEL CUMPLEAÑOS, pensé. NO, LA NIÑA MENSTRUANDO!! Me cuenta que los padres de la familia organizan esta fiesta cada vez que una de sus hijas tiene su primer período. Invitan a todo el pueblo a celebrar este evento tan importante! Y a compartir de su chicha!

La ceremonia siguió sin muchos ritos, sin palabras, sin música, sin poder cruzar la barrera imaginaria que separaba a los hombres de las mujeres en el salón. Habrán sido 3 horas en las que sólo se tomó chicha. La niña llegó con la cara cubierta y nos ofreció más chicha de sus manos!

El día siguiente fue penoso, todos nos levantamos descompuestos, había olor a vino por todos lados. La cabeza me explotaba. Salí de la habitación y fui a nadar al mar para despertarme, después caminé por la comunidad, encontré cocos y tomé su jugo para desintoxicar la chicha de la noche anterior!

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