En busca del 14° Dalai Lama


Esta crónica se publicó el 15 de septiembre de 2017 en DIARIO POPULAR.

Viaje a los Himalayas

En busca del 14° Dalai Lama

Salí de Dharamsala totalmente desilusionada. El lugar de residencia del 14° Dalai Lama, no alojaba a su Santidad. Parece que la agenda de este señor es muy apretada. En ese momento se encontraba en Ladakh, al norte, bien al norte de India, se ve que se quizo escapar del caluroso verano y se fue a los Himalayas.

Allá fuí entonces. Llegué a Ladakh, después de 3 días de viaje en bus. Agotada pero con muchas expectativas. Eran las 19 hs. cuando el bus me dejó en la terminal de Leh, la antigua capital de Ladakh, el “Pequeño Tibet”. Caminé por 2 horas en busca de un hotel pero todo estaba ocupado. Casi saliendo de la ciudad encontré una casa de familia que me podía alojar por unos días.

Aquí, en la tierra menos poblada de India, encontraría al respetado y venerado Dalai Lama, la gema que concede todos los deseos. Su nombre significa Océano de Sabiduría.

Me levanté temprano para llegar a tiempo. La conferencia está programada para las 8 am. Tomo un bondi que en 15min me deja en el predio. Cuando entro me sorprende la multitud. Son más de 20.000 personas. Toda la ciudad estaba allí. Todos los habitantes de Leh y alrededores acudieron con sus mejores atuendos. Familias enteras sentadas sobre unas lonas de plástico, algunos bajo sombrillas de colores. El sol es intenso y se siente abrasador en 3.500 mts de altura.

Al llegar, la organización me da la bienvenida con un cálido “Julley” -“Hola” en lengua Ladakhi- y me ubica en un sector privilegiado; junto a otros gringos, detrás de los monjes y muy cerca del escenario, donde el Dalai Lama ya está derrochando sabiduría!

Gracias a la traducción simultánea en inglés puedo escuchar su discurso sintonizando el dial con mi celular y los auriculares. Hay traducción en inglés, ruso, hindi y chino!  Su Santidad habla en tibetano.

¿Quién es el DALAI LAMA?

Tenzin Gyatso, el 14° Dalai Lama  fue reclutado cuando tenía 2 años. Varios monjes llegaron a su casa anunciando que él era la reencarnación del 13° Dalai Lama, muerto días antes. Después de unas pruebas de rigor,  en la que Tensin Gyatso tuvo que identificar unos objetos pertenecientes al Lama anterior y  distinguirlos entre varias falsificasiones, los monjes determinaron que estaban en lo correcto. El niño era “El elegido”. Lo llevaron al monasterio y cuando tenía 5 años lo instalaron en el trono. Allí comenzó su vida como representante religioso y político del Tíbet.

El nuevo Lama, tenía sólo 15 años, cuando los chinos invadieron el Tíbet. Un par de años después, luego de una negociación fallida en Pekín, huyó a caballo con toda su comitiva y se exilió en el norte de India.Mientras tanto los chinos destruían su palacio y masacraban a los tibetanos.

Mi cabeza sólo daba vueltas 

Su Santidad se encuentra sentado en una especie de trono. Tiene las piernas cruzadas en posición de loto. Alrededor de él hay varios monjes y algunos traductores.
Un asistente con una tetera gigante  y me ofrece té, que inesperadamente es salado. Después me entero que éste té se hace con manteca de yak.  Al rato pasan otros asistentes ofreciéndome  unas bolas pegajosas de arroz dulce. Y lo hacen con cada uno de las  20.000 personas.

Algunos de los temas abordados por el Dalai Lama son la meditación y sus beneficios. La compasión hacia aquellos que nos lastiman. También comenta que nuestro cuerpo sufre por causa de nuestra mente.

Precisamente mi cuerpo estaba sufriendo el calor y la altura. Me levanto para dar una vuelta entre la multitud y sacar unas fotos. Veo un grupo de señoras con unos sobreros muy especiales.El sombrero tiene unas orejas negras grandes y muchas piedras turquesas. Me cuentan que es símbolo de status y riqueza. Generalmente tiene entre 5 a 7 líneas de turquesas. La octava línea sólo está reservada para la realeza.

Sigo caminando y unos señores mayores me parecen muy graciosos. Tienen unos lentes de sol súper modernos que no son compatibles con sus trajes color marrón oscuro tibetano de hace 100 años.
Llevan en la mano izquierda una especie de rosario de madera. Lo utilizan para repetir el mantra OM MANI PADME HUM y no perderse en la cuenta. En la otra mano una rueda de oración que da vueltas al mismo tiempo que sus plegarias.


El Dalai Lama no para de hablar, ya pasaron más de 3 horas y él como si nada
. De vez en cuando interrumpe su propio discurso para reírse de algo. Se escuchan sus carcajadas de niño travieso.

Llegó la hora del almuerzo parece. Los mismos voluntarios reparten unas galletas de arroz y algo de verduras. Al traductor ya no se lo entiende lo que dice, parece que tiene comida en la boca.
Los nenes  se aburrieron de estar sentados y salen a corretear por los pasillos.
Yo sigo sacando fotos y encuentro una señora muy fotogénica que parece de otra tribu. En la cabeza tiene un tocado de flores plásticas en la cabeza y unos adornos de plata. El rostro apergaminado. No podría decir que edad tiene. El sol del verano y el frío del invierno, que puede llegar a – 30 grados, hacen de Ladakh un lugar hóstil para vivir.

El único que parece no envejecer es el Dalai Lama, tiene 82 años pero su energía y vitalidad contagian. Su piel está tersa como la de un tipo de 50. Dudo si se hizo algún lifting. Serán las 8 horas de meditación diaria o su rara costumbre de dormir sentado que lo rejuvenecen. En fin, no sé cuál es el secreto. Dice que el año que viene volverá a Ladakh, que se siente súper bien de salud.

La que no se siente bien soy yo, me estoy empezando a marear. Tomé mucho líquido pero parece empeorar. Le pido a Karel, mi compañero, que me levante y me lleve a la salida. Siento que me voy a desmayar, me está bajando la presión, veo todo blanco. Me arrodillo porque ya no puedo caminar. De repente vomito toda el agua y la banana que desayuné dos horas antes. Me siento un poco avergonzada por vomitar casi frente de su Santidad. Una señora me mira con cara de asco y me saca la lengua. Me recuesto en el medio de la calle, debajo de un auto, en el único lugar donde hay un poco de sombra. Vienen otros mochileros y me ayudan.Una italiana me da agua con sal, un canadiense me ofrece almendras, un chico de no sé dónde, me brinda sombra con su poncho. Poco a poco me voy recomponiendo.  Karel detiene un auto y pide que me lleven hasta el hostel. El chofer no quizo cobrarnos.


Llegué a la puerta del hostel y vomité de nuevo, me asusté un poco porque el mal de altura puede derivar en un edema cerebral. Me sentía súper débil, muy cansada. Dormí toda la tarde y toda la noche.

Al día siguiente estaba renovada. Lista para recorrer las calles de Leh: su cultura budista tibetana, seguir las huellas de la Ruta de la Seda, sus lagos y  monasterios en el Himalaya indio!!

Buena Ruta!

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